Porlamar
23 de septiembre de 2019





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El onírico viaje de Miranda en el tiempo
Bolívar nace en 1783 y Miranda en 1750, o sea, que Miranda le llevaba 33 años al Libertador Simón Bolívar. Ya era veterano de las armas en el arte de la guerra. ¿Será la guerra un arte?... ¡Lo dudo!
Perucho Aguirre

23 Ago, 2019 | Me imagino al sabio y políglota, al Guanero y Generalísimo… ¿Precursor de la Independencia de Venezuela Francisco de Miranda? No. Alfonzo Rumazo González, dice, rotundamente que ¡No! Porque su obra empezó con Él. Bolívar nace en 1783 y Miranda en 1750, o sea, que Miranda le llevaba 33 años al Libertador Simón Bolívar. Ya era veterano de las armas en el arte de la guerra. ¿Será la guerra un arte?... ¡Lo dudo! Dice Rumazo “Él inventó y creó la insurrección hispana, sistemáticamente de 30 años y la llevó a la guerra hasta que cayó prisionero del enemigo y muere, solo y abandonado en una cárcel de Cádiz, España, a los 66 años”. Fue el primero.

Por eso y tanta sabiduría no se le puede decir precursor. Es un invento… Simón Rodríguez lo dejó escrito “Los bienhechores de la humanidad no nacen al ver la luz, nacen cuando empiezan a alumbrar ellos”… Miranda fue engañado, a pesar de lo trascendental que era y, sobre todo lo visionario. En esa mágica percepción que tengo de Él, lo miro en aquella celda solariega y sin nada que pudiera alegrarle pensando, hasta abordar el vehículo del futuro y, en ese sobrenatural sortilegio al encontrarse frente al famosísimo cuadro que pintara Arturo Michelena, “Miranda en La Carraca”, se dijo así mismo el gran sabio -¿Y, ese soy yo? ¡Qué travieso este Michelena! ¿Y, cómo hizo para pintarme así, después de tantos años, tal cual, como ahora soy? ¿Una casualidad del saber, del sentimiento o una travesura de su cerebro?... Oh, cómo quisiera estar vivo para conocerlo o, al menos darle las gracias por la bondad de sus pinceles…

Este Arturo Michelena, acaso ¿no será uno de los tantos asombrosos estereotipos del genial Da Vinci o alumno del temible Rafael? En ese instante queda dormido hasta que la puerta le fue tocada por el centinela que venía a chequear si estaba vivo o muerto. No lo consiguió y, no lo hallaron más. Al Generalísimo Francisco de Miranda, Caballero único de su propia cruzada ¡América! Había desaparecido en sí mismo y, en el sueño milagroso, tal vez, de no estar, ni siquiera sus huesos que, quien sabe, en que vitrina de algún coleccionista estarán, para ser subastados algún día…

¿Azul?




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