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23 de septiembre de 2019





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Un noviazgo de 15 días
Esta semana la columna Transeúnte tiene el placer de compartir las letras de la novel cuentista Guadalupe Rey. Disfruten de esta hermosa historia de amor que cuenta con dos protagonistas muy especiales, quienes esta semana cumplen sus 40 años de unión. Felicidades, Belén y Eugenio.
Guadalupe Rey

12 Ago, 2019 | Cumpliendo 9 años edad en un barco que lo estaba sacando de todo lo que conocía y llevándolo a un lugar totalmente extraño, Eugenio se preguntaba qué sería de él.

Nacido de padres pobres y analfabetos, Eugenio Rey fue arrancado de su pueblo natal en España para ir a Venezuela. Su padre había migrado primero, tenían meses sin saber de él, salvo las instrucciones necesarias para llegar a su nuevo hogar. Todo ese esfuerzo lo estaban haciendo para que él y su hermana menor pudieran ser profesionales. Necesitaban huir de Franco.

Mientras tanto, en Caracas, la niña Belén Moreno de 11 años de edad ayudaba, sin darse cuenta, a hacer más feliz la vida de sus 3 hermanos menores. Ya han pasado más de 5 décadas desde ese momento, pero puedes preguntarle a cualquiera de los 3: Belén los cuidaba lo mejor que podía y ellos siempre piensan en ella como una mujer valiente y luchadora.

Eugenio era el mayor, único varón, hijo de un mecánico y una costurera, cocinera y ama de casa: Francisco Rey y Guadalupe Nieto. Tenía una hermanita, María Rey, 3 años menor que él. Ella cumplió 6 años en un país desconocido, pero se hizo parte de él en minutos.

Él llevó una vida bastante normal, entre gustos y costumbres europeas bañadas de sabor latino. Se graduó de bachiller y decidió ir a estudiar de vuelta en la Madre Patria. Pero el frío, la distancia con su familia y el gusto por las fiestas lo hicieron tomar la decisión de volver y estudiar Ingeniería Civil en la Universidad Central de Venezuela.

Su pasión por la carrera y su inteligencia lo convirtieron en preparador de descriptiva. Estaba contento y solo le faltaba una materia para graduarse, con la cual había tenido problemas por diferencias con el profesor.

Eugenio siempre pensó que volver fue la mejor decisión de su vida. Guadalupe enfermó y murió de cáncer, pero él estuvo ahí hasta el final tomando su mano, todo gracias a su decisión de volver.

Belén vivió un tiempo con su familia del llano en San Fernando de Apure, e incluso le tocó hacerse cargo de sus tres hermanos por un tiempo. Pero la vida premió su esfuerzo y el de sus padres dándoles abundancia cuando a ella le llegó el momento de elegir universidad.

Se fue a México, se inscribió en la Universidad Nacional Autónoma de México y en 4 años de mucha dedicación y esfuerzo se graduó de arquitecto. Ella siempre dirá que se graduó en menos tiempo no por inteligente, sino por el anhelo de volver a casa.

Fue por esa época, en 1979, que el universo decidió que era el momento de reencontrar a estas dos almas gemelas: Eugenio estaba por retirar su título de ingeniero, y Belén tenía poco tiempo de haber vuelto a su casa.

Belén había sido una niña muy poco agraciada, con orejas desproporcionadas y un cuerpo muy delgado. A sus 30 años se había convertido en una mujer hermosa; “una morenaza”, dirían algunos. Tenía figura de guitarra, un cabello azabache grueso, largo, lustroso y liso, y unos ojos negros de mirada profunda. Su único defecto era su expresión dura, que al sonreír le daban una impresión de ser una sonrisa falsa.

Eugenio siempre fue un niño encantador. Originalmente rubio y redondo, se convirtió en un joven de 27 años alto, delgado, de cabello negro, tez muy blanca y ojos claros. Las mujeres de su época lo consideraban un galán.

Existe una teoría de que todos estamos conectados a un famoso por solo seis personas. Para que dos personas más comunes se conozcan solo se necesita una. Raquel era amiga de Belén y de Eugenio, y decidió que ellos harían buena pareja, por lo que los invitó a ambos al cine.

Raquel llegó con Eugenio a buscar a Belén, y cuando se vieron los tórtolos, todo quedó decidido. Ella creyó ver cambiar el color de ojos de él. Él sintió su corazón saltar ante el color canela de la piel de ella.

Ella siempre cuenta que fue lo más encantadora que pudo. Debido a su voz fuerte y su cara rígida solía caer mal a primera vista, pero se esforzó muchísimo en causar una buena impresión, pues “el hombre era bello”.

Al día siguiente de la cita Raquel llamó por teléfono a Belén.

—Belén, Eugenio me ha llamado 3 veces en lo que va de día para saber si podía darle tu número. Yo le dije que tenía que pedirte permiso. ¿Será que se lo doy? —dijo Raquel.

—Sí, claro, es que ese era el plan, no darle el teléfono para ver qué tan interesado está.

A partir de este punto las versiones de ambos se distancian un poco. Él dice que ella enloqueció de amor por él, y ella que él enloqueció de amor por ella. Los testigos del enamoramiento le dan la razón a ella.

Marily, la hermana menor de Belén, cuenta que el día que Belén no estaba en casa él llamaba como 6 veces para saber si había llegado a casa. El mejor amigo de Eugenio, por su parte, dice que no dejaba de hablar de ella y que salía lo más temprano posible del trabajo para irla a buscar, a pesar de que ella tenía carro propio.

15 días le tomó a Eugenio darse cuenta de que Belén era la mujer de su vida, así que le propuso matrimonio. Ella aceptó contenta, pero con la premisa de que un matrimonio era para toda la vida.

Eugenio siempre ha sido un hombre respetuoso, por lo que fue a pedirle la mano de Belén a Elves, su padre. A partir de ese momento, y en 45 días, Eugenio, María y Francisco organizaron la boda civil.

A Soledad y Elves les tomó 55 días organizar la boda eclesiástica. Con toda la felicidad que acompañaba este matrimonio se hizo una fiesta muy hermosa en el hotel Tamanaco de Caracas. Quienes asistieron aún la recuerdan, y hablan del amor en los ojos de los recién casados, de la felicidad del ambiente y en lo maravillosa que estuvo la fiesta.

El 15 y 23 de agosto, Eugenio Rey Nieto y Belén Soledad Moreno de Rey, mis padres, cumplen 40 años de matrimonio luego de haberse casado a los 70 días de haberse visto por primera vez.




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